Reporteros de Río redescubren los
riesgos del oficio en favelas ocupadas
Un equipo
periodístico secuestrado y torturado en una favela renueva las inquietudes por
la seguridad para la prensa en Brasil.
Por Marcelo Soares,
São Paulo
Seis años después
de la muerte del reportero de TV Tim Lopes, periodistas vuelven a intentar
cubrir la influencia del crimen en la vida de las favelas: fueron secuestrados
y torturados.
Tres
periodistas brasileros que fueron torturados mientras cubrían la acción de las
milicias en una favela de Río de Janeiro, en mayo pasado, viven hoy
anónimamente en ciudades distantes y desconocidas, esperando a que su caso
–conocido exactamente seis años después del asesinato del reportero televisivo,
Tim Lopes, en otra favela de Rio- se resuelva.
El
14 de mayo de 2008, durante siete horas, un equipo de reporteros del diario
carioca O Dia fue secuestrado y torturado en una favela. Los profesionales –una
periodista, un fotógrafo y un chofer- se infiltraron en la favela Batan y
arrendaron una cabaña. Su objetivo era contar cómo la población vivía en una
comunidad pobre bajo las reglas impuestas por la milicia formada por policías
corruptos que expulsaron del lugar a los microtraficantes e impusieron sus
propios mecanismos de control.
El
ataque se conoció dos semanas después de ocurrido, cuando el diario publicó un
reportaje especial sobre el caso. Los nombres de los profesionales no se
conocen hasta ahora. Luego de la agresión, O Dia los envió a ciudades que no ha
revelado, donde puedan permanecer hasta que los agresores sean arrestados. Sólo
dos de los torturadores están presos: Odinei Fernando da Silva, conocido como
"Zero Uno" (un policía de Rio recién removido), y Davi Liberato de
Araújo, conocido como "Zero Dos". Otros cuatro agresores ya han sido
identificados, pero aun no son arrestados.
Seguridad
periodística en entredicho
Lo
que sucedió ese día es lo que ha publicado el mismo periódico. Los reporteros
estaban en su cabaña cuando un habitante de la favela invitó a los hombres a
una fiesta (no es bien visto por los códigos morales de la favela que la mujer
salga sola). Una vez en la fiesta, fueron capturados junto al mismo vecino que
los invitó y que también fue torturado. Luego, los milicianos fueron por la
reportera.
En
sus páginas, O Dia describió la tortura de la siguiente manera:
“Los
reporteros de O Dia fueron secuestrados y mantenidos en una prisión privada en
una de las cabañas usadas como cuartel general del grupo criminal. El
interrogatorio y la tortura se extendieron durante siete horas y media, período
durante el cual el equipo fue sometido a golpes y patadas, shocks eléctricos,
ahogos con bolsas plásticas, ruleta rusa, tortura sicológica y todo tipo de
situaciones vejatorias. En uno de los intervalos entre las sesiones de tortura,
el equipo escuchó el ruido de sirenas, como las de la policía, cerca del lugar
de cautiverio. Pero los hombres que llegaron al sitio, en vez de ayudar a las
víctimas, apoyaron a los torturadores”.
Claudio
Ferraz, el jefe a cargo de la investigación del caso, dijo que los torturadores
tenían experiencia, debido a que no dejaron marcas en los cuerpos de los
periodistas, lo que dificulta una posible investigación.
La
principal cuestión que ha surgido dice relación con las condiciones de
seguridad de los periodistas en su trabajo. La Asociación Brasilera de
Periodismo Investigativo (ABRAJI, por sus siglas en portugués) enfatizó en la
responsabilidad de los medios en la seguridad de sus profesionales. El
Sindicato de Periodistas de Río de Janeiro fue más lejos y acusó a O Dia de no
haber preparado a sus trabajadores para los posibles peligros que pudieran
enfrentar. El diario dijo que está apoyando a sus familias. Los editores
principales del diario tienen contacto frecuente con los periodistas. Pero,
¿cómo preparar una sala de redacción para posibilidades como ésta?
Luego
del asesinato de Tim Lopes, las redacciones de los medios cariocas adoptaron
muchas precauciones para cubrir las favelas, como autos blindados para los
reporteros, por ejemplo. Un seminario sobre seguridad de reporteros está entre
los planes futuros de ABRAJI y el International News Security Institute (INSI),
pero para el cual aun no hay fecha.