Martes, 18 de junio de 2013
El Grupo Andino de Libertades Informativas, GALI, red subregional compuesta por organizaciones de Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia, expresa su profunda preocupación por la aprobación en el Ecuador de la denominada Ley Orgánica de Comunicación aprobada el día viernes 14 de junio por la mayoría de Gobierno en la Asamblea Nacional del Ecuador. Esta ley impone restricciones y condicionamientos al trabajo periodístico inaceptables en una sociedad democrática, por lo que el GALI insta al Presidente Rafael Correa a vetarla, de acuerdo con sus atribuciones.
El proyecto votado sin que mucho de su articulado haya sido debatido, pues fue introducido a última hora, contiene varios aspectos que ponen en situación de grave riesgo a las libertades de expresión y de prensa, y que van a contracorriente con los avances que se han experimentado en la Región durante los últimos años sobre el derecho a la libre expresión; entre otros:
- Códigos y normas deontológicas impuestas por Ley y que, por lo tanto, vulneran el principio por el cual, en ningún caso, las conductas éticas pueden ser impuestas por los Estados.
- La censura previa a través de inéditas figuras jurídicas de "linchamiento mediático", por la cual se prohíbe la difusión de información ligada a conceptos vagos y subjetivos.
- La creación de una Superintendencia de Información nombrada a partir de una terna enviada por el Presidente de la República, con funciones de fiscalización y sanción a medios de comunicación y periodistas.
- La conformación de un Consejo de Regulación y Desarrollo de la Información y Comunicación con representación exclusiva de los poderes públicos y sin representantes de la ciudadanía y de los medios de comunicación social.
- La facultad del Consejo de Regulación de expedir reglamentos que contengan sanciones, rompiendo con el principio de legalidad consagrado en la Constitución y los instrumentos internacionales de derechos humanos vigentes en Ecuador.
- La imposición de contenidos y cuotas de programación a los medios de comunicación.
Por lo anterior, GALI hace un llamado a la comunidad internacional para que exprese su condena a lo que constituye la acción más reciente del Gobierno ecuatoriano en contra del periodismo pues instala la censura previa e impulsa una creciente autocensura.
Además, consagra la acumulación de medios en manos del Estado, alimentando una poderosa maquinaria de propaganda ajena al pluralismo que deben ejercer medios realmente públicos.
Descargar aquí la carta del GALI a Rafael Correa sobre este tema.
Asociación Nacional de la Prensa, Bolivia
Instituto Prensa y Sociedad de Venezuela, IPYS Venezuela
Fundamedios, Ecuador
Instituto Prensa y Sociedad, Perú
Perú: fotógrafo Dante Piaggio: "en una cobertura de riesgo la línea editorial del medio puede afectar el trabajo del reportero"
NOTICIAS
Publicado el 14 Junio 2012
Perú: fotógrafo Dante Piaggio: "en una cobertura de riesgo la línea editorial del medio puede afectar el trabajo del reportero"
Por Adriana León
Foto: Dante Piaggio, El Comercio
Dante Piaggio es tal vez el reportero gráfico peruano que más conflictos sociales ha cubierto en sus 22 años de trayectoria periodística. El linchamiento de un alcalde puneño en la provincia de Ilave, el enfrentamiento en el bosque de Pomac en donde presenció el asesinato de un policía, la violenta protesta en Madre de Dios contra las leyes para formalizar la minería ilegal son solo algunas de sus experiencias más riesgosas como fotógrafo del diario El Comercio. Esta vez le tocó Cajamarca y las protestas contra el proyecto minero Conga, donde fue flanco de agresiones por parte de todos los protagonistas del conflicto. En diálogo con IPYS el fotógrafo nos cuenta los detalles de esta complicada y violenta cobertura.
¿Cuáles son tus primeras reflexiones de la cobertura de Conga?
Conga es una cobertura complicada, creo que el conflicto es en general muy complejo y las decisiones que se tomen en los próximos días pienso que serán determinantes para lo que venga después, en general, con los conflictos sociales relacionados a las industrias extractivas.
La cobertura ha sido bien tensa, de menos a más. Por un lado los manifestantes que se están cuidando de no transgredir las normas impuestas por el gobierno respecto a la toma de carreteras, romper locales, etc. Uno siente que hay una suerte de autocontrol. Por el otro, la policía que también se está cuidando de que no se le pase la mano. Aunque claro, ahí la presencia de la prensa es fundamental, por eso se cuidan de no pasar la línea, porque estamos ahí, mirándolo todo. Pero es una situación límite que se va desgastando y producto de ese desgaste suceden cosas como lo que me pasó a mí.
¿Qué pasó?
Me fui a cubrir a la iglesia San Francisco donde están las ollas comunes y donde son acogidas las comunidades que llegan a manifestarse. Estaba tomando fotos, relativamente tranquilo, y de pronto aparece un desquiciado que viene a prender la mecha y me terminan botando en bloque. Yo intentaba tomar fotos, me botan en bloque, argumento lo que puedo pero no me funciona. La gente que está afuera está más calmada, me tranquilizan y les digo que lo peor que les puede pasar es que no tengan prensa que esté informando. Y en este caso, El Comercio era el único medio que estaba allí, metido adentro, pues a los cajamarquinos casi no les creen. Les dije que era mejor que estemos allí. Ya la policía había intentado sembrar bombas misteriosas, buscar motivos para reprimir, entonces un poco que razonan y el asunto no se torna tan violento. Luego, a la hora, los universitarios salen a marchar. Estoy tomando fotos de los bloqueos y veo a la policía agazapada frente a los piedrazos. Me acerco para tomar fotos. Me salta un tombo a pecharme y me empieza a decir que qué tengo contra él, que me vaya a cubrir otra cosa. Todo en un tono muy agresivo. Me indigné, casi nos vamos a los golpes. Acto seguido se van los tombos y me quedo con los estudiantes que iban a recomenzar el bloqueo. Me ven y se me vienen encima. Eran como 30. Yo decía: “carajo la policía me bota, ustedes me botan, todos me botan” y mientras tanto volaban los hondazos. A la mototaxi en la que yo estaba le hicieron un hueco y me tuve que ir corriendo hasta que encontré un almacén donde me escondí con mi cámara. Media hora escondido, estudiantes enardecidos persiguiéndome, bien jodido. Luego de esto decidí regresar. Yo sé donde me meto. En este caso ya me pareció hora de volver.
¿Qué hace que la prensa sea flanco de estas agresiones?
En los diez días vi varias agresiones contra otros colegas, una situación bien complicada para los que estamos allí, cubriendo en la zona. Esta situación tiene que ver también con lo que dicen los medios en Lima, con nuestros líderes de opinión.
¿La línea editorial del medio puede afectar la cobertura en situaciones de violencia?
Sin duda. En Madre de Dios, por ejemplo, me mandaron a cubrir las protestas de los mineros informales. Yo había pasado relativamente desapercibido y estaba trabajando más o menos tranquilo. De pronto el diario hace una nota con un titular que decía que narcotraficantes estaban implicados en la protesta. Era un titular basado en las declaraciones de alguien, pero eso se decía en más chiquito y lo que saltaba a la vista era el título con esta acusación. Todo lo que había ganado pasando piola se rompió cuando una señora de los miles de manifestantes me puso El Comercio en la cara. La verdad no había qué decir, qué argumentar, estaba fregado.
¿Qué hacer frente a una situación así?
Es muy complicado pues, son situaciones de desgaste donde de uno y otro lado se cuidan de no desbordarse pero al final sucede y estamos en función de lo que diga el medio donde trabajamos. Un poco el argumento que yo uso en casos así, con los manifestantes cajamarquinos por ejemplo, cuando se puede hablar, es separar las cosas y no opinar al respecto. Por lo menos en el caso de los reporteros gráficos. Que les quede claro eso aunque no muchas veces funciona.
¿Cómo protegerse sin descuidar la cobertura?
Es un trabajo muy jodido. Hay colegas que optan por identificarse como prensa extranjera por ejemplo. Yo prefiero no hacer eso porque me parece que si te ampayan es más riesgoso, no la cuentas. Prefiero ser honesto y tratar en la medida de lo posible de convencer a la gente de que estoy ahí trabajando y que es bueno que haya prensa que esté mirando lo que pasa.
En la marcha de los estudiantes en Cajamarca, por ejemplo, vi a un grupo de policías que estaba punto de intervenir y escucho que un tombo me grita que me vaya, que me van a pegar, que no tome riesgos. Mira, sinceramente, a mi me parece que la gente de Cajamarca es tranquila, tienen esa característica a pesar de todo. Entonces les dije a los manifestantes: miren, a 100 metros míos está la policía esperando que yo me vaya para que esto se salga de control y sacarles la mugre. Agradezcan que estoy acá, no se los digo de mala onda pero es verdad: si no hay prensa ustedes pierden. Cuando no hay prensa ocurren los desmanes de uno y otro lado.
Yo incluso he hablado con la gente de Goyo (Gregorio Santos), y les he dicho que se cuiden de arremeter contra la prensa porque va a ser peor, que le peguen a un periodista simplemente va a poner las cosas al cuadrado. Y bueno, te entienden como no también.
¿En qué momento, en una cobertura complicada, decides dar un paso al costado?
En Madre de Dios tuve que dejar de cubrir para salvaguardar mi seguridad. Es jodido porque la línea del medio afecta bastante una cobertura de riesgo. En Cajamarca el diario quería que me quede un par de días más pero les dije que no valía la pena porque la cobertura, tras lo que me pasó, iba a ser muy limitada. Es una cuestión que la decides en el momento. En mi caso, en Cajamarca, era la población, la policía, los estudiantes, todos en contra, dejo de cubrir y me voy nomás. Es complicado pero también es un entrenamiento, un momento de reflexión: qué es lo hubiera tenido que hacer para mejorar, tal vez no acercarme tanto, en fin, son cosas que van apareciendo de acuerdo a cada cobertura y con variables distintas, como por ejemplo si El Comercio se lee o no en determinados lugares, eso también ayuda.
En los sucesos de Pomac viste morir en policía durante la cobertura, ¿cómo fue eso?
Fue una cobertura distinta pero igual de riesgosa. Distinta porque fue un enfrentamiento directo, corría mucha bala y ni siquiera la prensa era un problema. Pero ahí también llegamos y otros colegas nos dijeron que no enteremos, que era muy riesgoso. Igual fui y claro, ahí me di cuenta de la gravedad. No mides sino hasta que estás en el lugar, es un poco así este trabajo. Acá lo más duro fue que el policía estaba detrás de mí. Lo conminan a que vaya a recoger un cuerpo, yo estaba a punto de pasarme al otro lado cuando el tipo va primero y se lo bajan. Bien fuerte, nunca me había pasado ver perder una vida tan cerca. Pensé además que pude ser yo.
¿Qué conclusiones sacas después de cubrir el conflicto en Conga?
Yo creo que se va a poner peor y que en algún momento nos va a pasar algo más feo a los periodistas. El descrédito de Humala, el haber prometido cosas que no ha cumplido, el no dar la cara a la gente que confió en él. Creo que si no se toma en serio el diálogo con autocrítica y con los protagonistas del asunto, esto va a terminar mal.
¿Volverías a Cajamarca?
Si, por supuesto.











